AIKIDO

 

El arte marcial de la reconciliación

 

 

“Cuando hagas una reverencia de saludo profundo al universo, éste te saluda de vuelta; cuando invocas el nombre de Dios, éste hace eco dentro de ti.”

 

 

        Tu corazón está lleno de fértiles semillas, esperando germinar. Tal como la flor de loto se levanta del lodo a florecer espléndidamente, la interacción del aliento divino causa que la flor del espíritu florezca y germine frutos a este mundo.

 

“El hierro está lleno de impurezas que lo debilitan, a través de su forja, se convierte en acero y es transformado en una espada bien afilada. Los seres humanos se desarrollan de la misma forma.

Desde tiempos ancestrales, El aprendizaje profundo y el valor han sido los dos pilares de la Vía;

A través de la virtud del entrenamiento, se ilumina tanto el cuerpo como el alma.”

 

“La verdadera victoria es la victoria sobre sí mismo; deja que ese día llegue rápido! "La verdadera victoria" significa el coraje que no decrecerá; "la victoria sobre si mismo" simboliza un esfuerzo sin perder fuerza; "deja que ese día llegue rápido" representa el glorioso momento del triunfo en el aquí y ahora.”

 

 

      Estas palabras son recogidas en el testamento espiritual de Morihei Ueshiba, el Arte de la Paz.

 

       

        Morihei Ueshiba nació el 14 de Diciembre de 1883 en Wakayama, Japón, en una familia de descendencia samurai. Fue el creador del Aikido, la vía de la armonización de la energía, el arte marcial de la reconciliación, el arte marcial de la Paz.

 

 

INTRODUCCIÓN

 

      En una sociedad como la nuestra, donde el materialismo y el consumo han secado nuestro ser interno, la espiritualidad, en sus diferentes manifestaciones, se toma como una cuestión antigua y de poco valor. Esta realidad nos llevará, si no ponemos remedio, a una situación compleja y difícil, de indiferencia, falta de ánimo, apatía general e insatisfacción continua; un círculo vicioso que agrandará nuestra desazón interna y nuestra carencia de sentido vital.

 

      El camino de la espiritualidad revela nuestro auténtico ser, pues somos seres divinos; debemos volver a religarnos con nuestra fuente primordial y, en esa conexión interna, manifestar nuestro máximo esplendor como seres humanos que están en una vía de desarrollo interno, de iluminación y santificación.

 

      ¿Existe, acaso, otra forma de enfocar nuestra existencia? Pasar nuestros días sin reflexionar sobre esta circunstancia privilegiada de la que gozamos, es desperdiciar nuestro verdadero propósito y objetivo vital. De esta reflexión, deberá surgir un auténtico compromiso que nos lleve a la acción, pues todo compromiso debe estar enfocado a la realidad y al cambio.

 

      El Aikido puede ser una maravillosa herramienta en nuestro camino hacia la Virtud, puesto que está fundamentado en los principios de la espiritualidad y el desarrollo interno del hombre.

 

¿CÓMO FUNCIONA EL AIKIDO?

 

      Trata, a través del movimiento y la respiración, de liberar el cuerpo de cualquier tensión y miedo. Nos enseña a ceder, a relajarnos, a sentir, a fluir, a acompañar, a guiar. El movimiento físico del Aikido, con una practica larga, continua y consciente, debe, de forma indefectible, afectar a nuestro comportamiento y nuestro pensamiento. Es un proceso natural, basado en la relación cuerpo/mente. Si mi cuerpo se sensibiliza, si mi cuerpo aprende a ceder, a dejarse llevar, al igual que a dar y guiar sin forzar, poco a poco, mi mente se impregnará de las mismas cualidades, se volverá sensible y empática.

      Parece una propuesta nueva, un nuevo enfoque; usar el cuerpo físico para “domar” la mente. Esta primera impresión se caerá por su propio peso al poco tiempo de práctica. La práctica nos mostrará que para que el cuerpo pueda manifestar las cualidades antes mencionadas, la mente deberá también acompañar al unísono, en ese camino de transformación. Al fin y al cabo es la mente quien da las ordenes al cuerpo físico Por tanto no serán dos momentos diferentes, uno tras otro, sino un acompañamiento, una transformación acompasada, un liberarse continuo, un vaciarse del ego; y es ahí, donde la luz del ego se apaga, cuando la Luz Divina empieza iluminar nuestro interior.

 

CUALIDADES

 

      Para aprender Aikido hace falta mucha atención; este elemento, la atención, es fundamental para muchos aspectos de la vida en general y es un elemento que se desarrolla y trabaja. El Aikido puede ser una herramienta estupenda para desarrollar la capacidad de atención y concentración. Con el tiempo, aprendemos a dirigir nuestra esa atención hacia nuestro ser interno, nuestra persona y nuestras acciones. Nos hacemos más conscientes de nuestra personalidad, de nuestras cualidades positivas y de aquellas actitudes poco convenientes que debemos pulir y mejorar y de esta forma, actuar de forma más correcta y virtuosa, perfeccionando nuestro ser y volviéndolo más luminoso.

 

      El Aikido está fundamentado en la educación y las cualidades del antiguo caballero; la nobleza, la rectitud, la verdad, el saber estar y la justicia, deben marcar el carácter de cualquier persona que quiera considerarse un caballero. Empezar a actuar desde la coherencia con unos valores internos, es un camino que debemos emprender con valentía y con la seguridad de que los frutos obtenidos serán maravillosos. En una sociedad donde la hipocresía y la falta de ética y moral manchan por doquier todas las relaciones humanas, los valores del antiguo caballero, del verdadero guerrero de la Luz, son una salvaguarda y un oasis para las personas que nos rodean.

 

      En Aikido aprendemos a que frente a una agresión, nuestra respuesta será el amor y el cuidado de nuestro agresor. Por tanto, trasladando esto a nuestra vida cotidiana, nuestros actos no estarán fundamentados en lo que hacen o nos hacen los demás, sino en nuestro ser interno, en nuestras creencias personales; aprendemos a dar el mismo trato amoroso al que nos trata bien como al que nos hace mal, y aprendemos que todos estamos en un camino de desarrollo y que juzgar “no es cosa de hombres”.

 

      Para poder realizar una técnica de defensa, en Aikido no hacemos daño al compañero, sino que tratamos de “empatizar” con su movimiento y pensamiento, redirigirlo y solucionar el conflicto de tal forma que él o ella, no sufra daño alguno; nunca bloqueamos su técnica, nunca buscamos una solución forzada; para ello debemos estar preparados para fluir con él, fusionarnos con su movimiento físico. Esto nos ayuda a aprender a ser realmente empáticos en nuestra vida cotidiana, a entender las razones de los demás, a tratar de ponernos en el lugar de los demás. Esto solo se podrá hacer desarrollando un “centro” estable, tanto a nivel físico como mental y espiritual.

 

      A la hora de hacer Aikido, nunca se fuerza o se obliga al compañero en una dirección o en otra, no luchamos, no oponemos fuerza contra fuerza, siempre cedemos, guiamos y dirigimos hacia una solución positiva para ambos. Es asertividad en movimiento. La asertividad se define como un comportamiento comunicacional maduro en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que manifiesta sus convicciones y defiende sus derechos sin agresividad ni violencia.

 

      Todos los movimientos del Aikido están directamente relacionados con la respiración. Cada gesto es acompañado de un respiración acompasada y consciente. La respiración es la base de nuestra vida física, de nuestra naturaleza vital. Nos pone en contacto con nuestro aliento vital y nos acerca, con su estudio y dominio, a entrar en contacto con el Pulso Original, con el Universo como manifestación del Amor Divino.

 

CONCLUSIÓN

 

      El enfoque presentado en esta breve exposición, trata de mostrar una visión del Aikido como herramienta de apoyo en la evolución personal, social y humana. Independientemente de las convicciones personales, religiosas, espirituales o filosóficas, todo el mundo puede aprender Aikido para ayudar a impulsar y dar fuerza a su camino personal de crecimiento y desarrollo.

 

 

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