Extendiendo el poder…

 

 

           Una de las peculiaridades del Aikido que más misteriosa me parecía al principio de mi práctica era el concepto de Kokyu Ryoku, extensión del poder respiratorio. Y es que si hay cosa que define energéticamente la técnica del Aikido es la “extensión”.

          

           Cuando trato de explicar a mis alumnos el concepto de extensión, a priori, tarea ardua, pues yo mismo estoy en el proceso de desarrollo de esta cualidad, me encuentro frecuentemente que es confundido y expresado físicamente como rigidez. Se tensan los brazos y los dedos, ¡y ya está! Evidentemente es un error. Extensión no tiene nada que ver con rigidez. Tiene que ver con extensión. ¿Veis qué complicado?

 

           Una imagen estupenda que suelo utilizar es la de una manguera flácida. Repentinamente damos al grifo y el chorro de agua pasa velozmente por todo su recorrido y la manguera se pone firme y derecha. No hay tensión, es el poder del agua que al salir extiende la manguera.

 

           Pues bien, cual manguera, por nuestros brazos, en vez de agua, pasa aire, nuestra inteción y por ende, nuestra energía. Y nuestros brazos se extienden, la palma de la mano se expande y nuestros dedos cobran vida. En ningún caso se tensa el antebrazo ni los músculos del húmero. Si existe una pequeña tensión, permisible en los primeros estadios, es el de la inserción del tríceps en el codo.

 

           Para que pueda pasara el aire será fundamental una verdadera visualización, que se conseguirá con práctica y tesón. En nuestra práctica respiratoria tenemos diversos ejercicios que favorecen esta extensión y visualización, sobre todo uno, que realizamos de pie, en postura erguida, una pierna delante de la otra, asentados proyectamos las manos con las palmas mirando al cielo y espiramos visualizando que el aire sale por los dedos. Este ejercicio, uno más de los de la práctica respiratoria que nos legó el Maestro Tsuda, es una maravillosa herramienta para asentar la base, conectarse con la tierra y aprender a proyectar la energía.

 

           Tori, siempre debe actuar con los brazos en estado de extensión energética, incluso cuando agarra para realizar una técnica, puesto que su función es de proyección energética. En cambio Uke, debe convertirse en receptor, por tanto debe vaciar su “manguera” para poder recibir la técnica y la energía de Uke. Si uke está también extendido, no puede haber intercambio energético y, lo más probable, es que se produzca un choque y resistencia.

 

           El objetivo último de la expansión energética es que todo el cuerpo se convierta en manifestación de esa extensión; cada uno de nuestros poros debería manifestar esa proyección. A un nivel más profundo, nuestra consciencia también debe tender a la expansión, a ocupar lo que nos rodea, en todas direcciones; se genera, con esta expansión de la conciencia, el esta de ZANSHIN, que convierte el ser interior en una especie de RADAR que expande sus ondas en todas direcciones. Grandes Maestros como el Maestro Ueshiba o el Maestro Funakoshi del Karatedo, habían desarrollado esta capacidad, y pedían a sus alumnos que trataran de atacarlos siempre que quisieran; nadie nunca pudo tocarlos; al entrar con una intención agresiva en el campo de consciencia expandida de estos maestros, automáticamente descubrían las intenciones del atacante.

 

           Este nivel tan alto, comienza con pequeños pasos; evidentemente es un poco absurdo entrenar con la intención de lograr desarrollar exclusivamente este “efecto secundario” de la extensión energética; el objetivo último es poder expandir la consciencia para obtener una plenitud mayor y una toma de conciencia profunda e interior de lo que verdaderamente somos:

 

           Como oí decir al Maestro Wolfe Lowenthal, maestro de Tai Chi y alumno del Maestro Chen Man Ching:

 

           “Somos Chi (KI en japonés, “energía”) flotando en un mar de Chi”.

 

¡Cuánta sabiduría encerrada en una pequeña frase!

 

¡Buen entrenamiento!

 

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