HARA

 

Centro Vital del hombre/mujer

 

“Para él (japonés), es bella la silueta de un hombre sólidamente fijando en su centro. Es esta la única razón por la que da valor a una cierta acentuación del bajo vientre, así como a se dueño del comportamiento, testimonio de la fuerza que reside en esta parte del cuerpo”

 

Karlfried G. Dürckheim

HARA centro vital del hombre

 

 

    La belleza reside en un vientre plano, si puede ser marcando la musculatura subcutánea, para lo que deberá realizar una serie de acciones aisladas que activen rápida y repetitivamente la zona mencionada de forma aislada; junto a esta serie de movimientos se aconseja realizar otros aeróbicos durante periodos de no menos de 40 minutos y en una periodicidad no inferior a tres días por semana; acompañarlo de una dieta baja en grasas y por debajo del gasto calórico necesario; es decir, abdominales a mansalva, correr y dieta.

 

Pepito Pérez Martín

Diario de un tipo atractivo.

 

 

    Una de las cosas más llamativas para el occidental a la hora de sumergirse en la visión oriental, concretamente nipona, del hombre, es descubrir la importancia que dan a la relación entre el cuerpo y la mente. Quizás nosotros, herederos de una tradición judeocristiana en la que el cuerpo no era más que manifestación de las diversas pasiones, hayamos olvidado el auténtico valor e influencia del cuerpo en la mente.

 

    Dentro del cuerpo, una zona es excelente en relación a su función sobre la mente. Esa zona es la totalidad del cinturón abdominal, vientre y zona lumbar. En japonés Hara y Koshi. Estas dos zonas, indivisibles en cuanto a su funcionamiento, representan para el oriental, el lugar donde descansa su ser, su alma. Quizás podamos compararlo con poca exactitud con el corazón para occidente.

 

    El Hara ha de ser trabajado, desarrollado, fortalecido, que no endurecido. Es más, un vientre endurecido, en vez de formar un soporte adecuado para el cuerpo limita el descenso diafragmático impidiendo una respiración profunda y elevando nuestro centro a la altura del esternón… inestabilidad física, mental y emocional. En contrapartida, un vientre estable y fuerte en su base, permitirá un profundo descenso del diafragma proporcionando mayor aporte de oxígeno, fundamento de la vida, además de descender nuestro centro de gravedad a un punto inferior, debajo del ombligo, lo que proporcionará estabilidad al cuerpo y a la mente.  

 

    Para trabajar el Hara existen diversos métodos, infinidad. En aikido, siempre se trabaja con el centro y desde el centro, por lo que es una herramienta ideal para el desarrollo de la conciencia del centro. El primer paso para trabajar desde el centro es mantener la espalda recta y el cuello erguido por detrás, recogiendo el mentón. De esta forma se trata de alinear la columna con la cadera. Todo movimiento, aunque sea de descenso, deberá mantener esa extensión del centro hacia la fontanela. Es una vía doble: el centro, cual bomba de agua, impulsa la columna hacia arriba, y entonces, disponiendo de esa alineación, la energía del cosmos desciende por la fontanela hasta el vientre.

 

    Un segundo paso es tomar conciencia del centro a nivel mental, es decir, hundir y depositar la atención en el vientre; este paso es completamente mental, pero es fundamental si realmente queremos comenzar a comunicarnos con nuestro vientre. La atención en el vientre puede realizar en proceso de meditación, en estático, o bien durante la propia práctica aiki, haciendo, voluntariamente y con total concentración y visualización, que todos los gestos salgan “como” del vientre; no son mis piernas las que se mueven, es mi centro el que se desplaza.

 

    Estos dos puntos de partida son un trabajo de por vida. Si bien en apariencia sencillos, pueden pulirse y perfeccionarse toda la vida.

    Existen otros trabajos más profundos y avanzados, trabajos relacionados con la respiración, la resonancia de sonidos y el kiai que deben ser trabajados en niveles más avanzados y a través de una enseñanza oral.

 

    El punto más importante de descubrir el Hara y fortalecerlo, no reside solamente en potenciar nuestra técnica, sino en los beneficios que derivan a nivel mental y emocional. El vientre es la base de la estabilidad. Aumentar su poder es aumentar nuestro poder.

 

 

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