¿Y qué camino escoger?

 

  ¿Y qué más da? ¿Acaso tienes una bola de cristal? O dominas el arte del Tarot mágico para ver el futuro… Sí es así, enséñame un poco de tus secretos.

Como decía el maestro Shidoshi Jordan Augusto, la decisión es lo de menos, lo importante es estar preparado para las consecuencias. O como reza el refrán popular, “a lo hecho, pecho”

 

  Generalmente, nuestra mente cartesiana valora una y otra vez los diferentes caminos, las posibles alternativas, los pros y los contras, los efectos, los resultados previsibles. Pero ¿quién puede asegurarnos que hemos sopesado todas las variables posibles? Es más, ¿cómo podremos saber siquiera que hemos tratado correctamente las variables que hemos previsto? Cuantas veces, pensando en que todo estaba atado y meditado, algo salió de forma imprevista, algo se salió de la norma y todas nuestras previsiones se fueron al garete.

Valoremos, pero valoremos en su justa medida, lejos de pensar que todo está bajo control. La vida no es matemática, la vida, por naturaleza, es espontánea, y la sociedad, que trata de acotar esta vida con todas sus fuerzas y normas, fracasa continuamente en su intento de dar explicaciones a lo que ocurre.

 

  Valorar está bien, como seres racionales debemos hacerlo, pero más importante que valorar y preveer, es entender que, hagamos lo que hagamos, estamos expuestos a la vida en toda su inmensidad, en toda su incertidumbre. Y por tanto, estar presentes, firmes y dispuestos a afrontar la realidad como surja es una actitud coherente ante la incertidumbre en la que estamos inmersos.

 

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