AIKIDO Y VISUALIZACIÓN

 

Luis Crespo Arcá

Practicante de Aikido

Dojo Tenshin, Madrid.

 

“Existen motivaciones de las más diversas cuando alguien se inicia en el aprendizaje del Aikido: el deseo de volverse más fuerte; la necesidad de defenderse; las ganas de practicar un deporte; etc. Ese no ha sido mi caso. El Aikido forma parte de mis investigaciones sobre el Ki. […] En Europa, la gente se interesa por el aikido por su eficacia, por el poder que se quiere adquirir. Se interesa por la técnica, por la adquisición del reflejo, del diploma, de la posición en la organización y las prerrogativas que de ello se desprenden. Son los aspectos cartesianos del problema. […] En Europa, donde la noción de Ki no existe, es muy difícil disuadir a los jóvenes de hacer [aikido con ausencia de] musculación. Un deporte [arte marcial] que no va acompañado de desgaste físico no es un deporte, etc. Precisamente, el aikido no es un deporte para mí. El Maestro Morihei Ueshiba lo ha repetido no sé cuantas veces: «El Aikido no es un deporte, no es un arte de combate». Desde el comienzo, pues, nos encontramos en un diálogo de sordos […]”[1]

Mi querido compañero de búsqueda, Fernando Gómez, me solicitó tiempo atrás algunas líneas para contar mis sensaciones en mi aprendizaje de aikido. Me enfrenta a una complicada misión, pues plasmar por escrito con cierta coherencia el mundo de las sensaciones percibidas por cada uno no deja de ser una suposición para los demás, y que sólo se materializan al pasar por el mismo sendero. Para poder hacerlo de forma congruente me valgo de ciertas ayudas que me permitan introducir al posible lector en qué forma he planteado yo mi búsqueda a través tanto del aikido como del katsugen. Como indico al comienzo, practico en el dojo Tenshin de Madrid, como alumno de Rafa y Hélène, lugar que nos ha permitido a innumerables compañeros/buscadores acceder a descubrimientos personales de incalculable valor. Como es notorio, el “estilo” que allí practicamos se aleja de la gran mayoría de planteamientos marciales que son tan habituales y aceptados comúnmente como formas “auténticas” del aikido de O Sensei. Por otra parte he empezado citando palabras textuales del Maestro Tsuda pues sus enseñanzas – al margen de las del propio Maestro Ueshiba, obviamente – son piedra angular del faro que ilumina y guía la práctica en el Dojo Tenshin. Gracias a la labor incansable de difusión de Rafa y Hélène, estas enseñanzas se hacen extensibles y comprensibles, de forma constante y creciente, entre otros practicantes ajenos a nuestro dojo, ya sean personas que están apenas dando sus primeros pasos en el aikido, ya sean aikidokas provenientes de otras aproximaciones al arte legado por O Sensei.

Como ha señalado el Maestro Tsuda en algún otro texto suyo, es frecuente que las motivaciones iniciales –conscientes y/o inconscientes - que tiene cada uno para empezar la práctica de un arte marcial, permanezcan invariables en el tiempo. Tengo la impresión de que es generalidad entre los que nos iniciamos la necesidad bien de aprender algún tipo de defensa personal, bien de ganar autoconfianza a través del ejercicio. Otros emprenden su trabajo con un enfoque distinto: buscando realizar ejercicio y un componente de filosofía entrenando en un sistema “marcial” que haga énfasis en la suavidad y la relajación, alejado de los sistemas de defensa que implican golpes, dolores, etc. Se señala en muchas ocasiones el particular atractivo de la base filosófica del aikido. En general, realmente no creo que ese primer impulso difiera mucho de la actitud mental de los practicantes de cualquier otro arte marcial tradicional que tengan curiosidad en profundizar en las raíces de su estilo de Budo.

El aikido comparte con muchas otras artes japonesas valores y maneras que a menudo consideramos exclusivos de las artes marciales, pero que en realidad son innatos a la generalidad de la cultura japonesa. Sin pretender hacer un tratado sociológico o antropológico, podemos citar la etiqueta (Rei), la actitud mental adecuada (Zenshin), la respiración (Kokyu), etc. ¿Qué hace diferente pues el aikido de otras artes (sean marciales o no)? Son innumerables los escritos de aikidokas que comentan y hablan sobre la Vía del Amor, sobre la grandeza de este estilo frente a otros estilos de budo. Sin embargo, vista la forma de practicarlo comúnmente, parece que de este sendero ha quedado excluido el corazón de su enseñanza, lo que realmente creo que hace al aikido algo único y radicalmente diferente a cualquier otro budo: alejarnos de la idea del antagonista/oponente y afanarnos en abrir sincera y totalmente nuestro corazón al Amor más allá de un bello plano intelectual, vacío de contenido práctico. Ese camino exige al que lo emprende un gran coraje e innumerables quebrantos mentales y afectivos, mucho más duros de sobrellevar que cualquier entrenamiento físico. De ahí la falta de arrojo, no ya de seguirlo, siquiera de iniciarlo.

Hace un tiempo Fernando Gómez tradujo un texto que me impresionó pues expresaba una incertidumbre que yo albergaba personalmente – quizá debería decir que aún albergo – desde hacía tiempo sobre la forma en que se práctica aikido. El artículo[2] lo escribió Minoru J. Shibata y en él expresa sus dudas sobre si la forma de enseñar aikido que tan ampliamente está extendida y suele ser común en los cursos, artículos, libros, vídeos, foros, etc., tiene algo que ver en realidad con la idea e intención original de O Sensei. Shibata expone algo que también he leído en textos del Maestro Tsuda: para ambos el hecho de haber estado junto a O Sensei, de haber aprendido las técnicas directamente de él, de haberle tocado y escuchado, no otorgan ninguna garantía de que la mayoría de sus alumnos – los mismos que han sido en gran parte responsables de la difusión mundial del aikido - hayan entendido algo más allá de los aspectos técnicos de su arte. Esta visión genera un torbellino de dudas y pone en cuestión todo el enorme entramado económico y social que se ha ido creando alrededor del término aikido. En ningún momento se pone en cuestión la honestidad ni la entrega de los practicantes, se cuestiona la senda que se les ha dado a seguir. En un foro[3] en el que alguien subió la traducción de este artículo encontré una opinión (había otras similares) totalmente opuesta a esta visión y que creo significativa al respecto; literalmente decía: <Este articulo, para empezar me parece una sarta de incongruencias y más tarde es un texto que si dijese la verdad, es simplemente aplicable a todas y absolutamente todas las artes marciales, porque para empezar, quien, quien es capaz de decir que sigue un arte marcial con las bases verdaderas de cuando se creó? con la idea real de cuando se creó, de la manera real de cuando se creó?, nadie puede decirlo, ni en aikido, ni en karate, ni en judo... Por lo tanto es un texto de alguien que habla desde la desinformación con afán de perjudicar algo que a él personalmente no le parece correcto, no me parece a mí personalmente un texto correcto ni justo para los practicantes del aikido>.

En numerosas ocasiones, mientras conduzco la práctica en nuestro dojo, comento a los compañeros la importancia de centrarse no sólo en adquirir unas ciertas habilidades técnicas, respiratorias, de relajación,…, hay que dar un paso valiente más allá y empezar a entender lo que subyace en el aikido de O Sensei. Les reitero –me reitero a mí mismo - que ponerse un kimono, una hakama y decir que se practica aikido no nos otorga una gran diferencia respecto a cualquier practicante de otro budo, salvo si aplicamos ese trabajo sobre el Amor en todos y cada uno de los momentos del día a día.

De entre los muchos valores morales que se trabajan tradicionalmente en las artes japonesas, hay uno que me parece fundamental para nuestra práctica: Misogi. Este término se suele traducir por “purificación”. Engloba todos aquellos rituales que nos permitan limpiar el cuerpo, la mente y el alma de acciones, palabras o pensamientos agresivos, impetuosos; su fin es el de mejorarnos a nosotros mismos (“poner en orden nuestra casa”, decía O Sensei) y, a partir de ahí, ayudar a los demás a mejorarse. El Maestro Ueshiba realizó numerosos tipos de ejercicios que se engloban en el trabajo de misogi: meterse bajo cascadas heladas recitando mantras a la par que se emplean mudras; trabajos en el campo orientados con un sentido místico; etc. Tras toda una vida de búsqueda llegó a la conclusión que supuso la piedra angular de su legado: las formas técnicas de aikido han surgido para que los practicantes obtengamos los mismos valores que se alcanzan a través de los ejercicios ascéticos propios del misogi, pero sin tener que pasar por esas pruebas tan excesivas. Para él, cada movimiento de cada técnica, si se ponía la atención y la actitud adecuadas, son ejercicios de misogi en sí mismos. Entender este fundamento, mejor cabe decir sentirlo, representa un hito en la práctica de cualquier aikidoka. Me pregunto si incluso estando ajeno a este conocimiento “misterioso”, las técnicas siguen obrando ese poder en cada uno de los practicantes…

Tanto por mi experiencia personal como por lo visto y oído a otros compañeros –independientemente del arte elegido - existe un techo técnico más o menos definido que, una vez alcanzado y sin nuevos horizontes que explorar, salvo el de la reiteración, acaba desanimando o desvitalizando la motivación que nos impulsó inicialmente a comenzar la actividad. Es el momento en el que muchos practicantes abandonan el camino o quedan sumidos en una rutina confusa, provocando incluso una regresión dada la falta de estímulos y claridad de objetivos.

Hacer aikido de forma relajada, respirando con la cadencia adecuada es, sin duda alguna, un tremendo avance frente al aikido de vigorización física y de afirmación del ego. Una práctica relajada es una manifestación de una modificación plena del ser que surge desde el interior hacia el exterior, y que abre la mente a nuevas formas de comportamiento que se alejan de las respuestas agresivas. Nos permite desarrollar la empatía, en primer lugar, con nosotros mismos y a partir de ahí con los seres que queremos para, yendo aún más allá, conseguir esa empatía incluso con aquellos que nos provocan rechazo. Esa vía de respeto y amor hacia todos los seres es la que preconizaba el Maestro Ueshiba.

Entender y sentir el aikido correctamente implica acompañar la respiración con ejercicios de visualización. Este último aspecto, el de la visualización, parece ser extraño a la inmensa mayoría de los libros o artículos dedicados al aikido (¿por ser demasiado místico o esotérico, quizá?, ¿por el esfuerzo y lo poco visible de los resultados a corto y medio plazo?). En su libro Takemusu Aiki[4] O Sensei explica del siguiente modo la importancia capital de la visualización para comprender/sentir el aikido:

“Todas las bendiciones de este Gran Universo se manifiestan, sin excepción, en todas las deidades y seres iluminados, en toda la Naturaleza, en todos los animales, hasta el más pequeño. La práctica del aikido significa e implica la recepción de esas bendiciones en cada uno de nosotros y llevar a cabo nuestras responsabilidades como seres humanos. Debéis asimilar estas bendiciones al realizar las Respiraciones del Cielo y la Tierra, incluso cuando tan sólo ejecutéis un único movimiento con vuestra espada o bokken. Así, cuando llevéis a cabo vuestras responsabilidades como seres humanos, deberéis realizar o formar un círculo cuando espiréis a través de la oración y un cuadrado al inspirar. Entonces deberéis permitir que el maravilloso espíritu del Universo se manifieste en vuestro interior totalmente, purificando vuestros seis sentidos.

La forma circular al inspirar es la forma del agua y, la del cuadrado, la del fuego. El círculo simboliza la respiración Celestial y el cuadrado la de lo Terrenal. Así originamos las técnicas [de aikido], combinando la respiración Celestial con la Terrenal mediante el ki celestial […]”

La primera vez que tuve noticia alguna sobre la importancia de la visualización mientras llevamos a cabo las formas técnicas de aikido fue leyendo uno de los textos del Maestro Tsuda[5]. Para no ser tedioso en la explicación me limito a citar aquellas de sus palabras que resumen este concepto: “Todas las formas técnicas del aikido derivan de visualizar el Fuego-Cuadrado y el Agua-Círculo. Pero no se consigue enseguida. Mientras que este simbolismo siga siendo intelectual no habrá ningún efecto. Tiene que penetrar en el subconsciente, volverse tan natural que no se piense en ello. Es sólo entonces cuando el Fuego ascenderá y el Agua descenderá, y respiraréis con el Universo y el Universo respirará con vosotros.” Al margen de la forma de explicar la visualización, en ambos casos se incide en que cualquiera que quiera penetrar en el mensaje del aikido debe esforzarse en desarrollar esta mente que es capaz de visualizar los elementos descritos, simultáneamente, durante cada serie de movimientos que lleva aparejados cada técnica. En ninguno de los textos de los Maestros se habla de la visualización como un apoyo para mejorar nuestra técnica de aikido, sino que es el propio corazón de esta Vía.

Es habitual que cada uno lleve su visión subjetiva de la “realidad”[6] a multitud de aspectos de las relaciones y tareas humanas, la práctica del aikido no escapa a esa certeza. Para mí, el descubrimiento de estos textos supuso un tremendo impacto en mi forma de enfocar mi práctica puesto que me abría a una realidad que intuía desde hacía tiempo pero era incapaz de verbalizar/canalizar. La visualización exige un cambio radical de nuestra mentalidad: demanda el esfuerzo de ser capaces de desarrollar e integrar en nuestra práctica objetos/conceptos de forma que se vuelvan reales para nuestro inconsciente a fin de que, nos aseguran, penetremos en el “misterio” del mensaje que contiene el aikido. La dedicación plena a este proceso conducirá a entender ese aikido originario -y parece que ya mítico - desarrollado por O Sensei. Su consecución es ajena a juicios de valor previos: o se hace como si fuese posible o, simplemente, no se hace. Este enfoque se aleja del actual tinglado marcial mundialmente aceptado y denominado, en sus infinitas variantes, como aikido.

Llevo varios años intentando trabajar la visualización como ha sido descrita por ambos Maestros. Durante mucho tiempo sólo he sido capaz de integrar las formas geométricas del círculo y el cuadrado. Mi propia incapacidad me bloqueaba la visión de imágenes de fuego y agua que se presentaran con facilidad al ejecutar los movimientos acompasados con la respiración. Empecé por donde me era más factible: durante los movimientos de la primera parte de la práctica pues, al no tener compañeros que bloquearan mi intencionalidad, me era más fácil formar la imagen e ir acompasándola a cada movimiento. Poco a poco fui extendiendo ese trabajo a lo que llamamos las “técnicas de aikido”. Durante la ejecución de los movimientos, de vez en cuando aparecía un cuadrado al inspirar, algún círculo al espirar. Al cabo del tiempo esa capacidad fue aumentando y se me hizo relativamente común (no obstante sigue siendo esquiva en demasiadas ocasiones). La confianza de poder interiorizar y “sentir” la visualización de esas figuras me animó a intentarlo de nuevo con el fuego y el agua. Poco a poco, empiezan a presentarse de forma espontánea durante la práctica.

No puedo decir que mis avances sean espectaculares. También sé que los resultados de este trabajo, como cualquier otro destinado a transformarnos íntegramente, no se alcanzan con facilidad pues no hay certezas, sólo muchas incertidumbres. Sí sé en qué aspectos personales este trabajo – unido a otros basados en ese Amor que preconiza el Maestro Ueshiba – me ha aportado nuevas perspectivas vitales que, inevitablemente, veo reflejadas en mi forma de aprender y practicar aikido. En este momento me permito mirar hacia atrás y disfruto enormemente la satisfacción de haber descubierto este camino. No sé cuán lejos me llevará, sé que eso tampoco es importante, tan sólo intento aprender a disfrutar del instante presente y abrirme a la sensación de serenidad y alegría que me aporta el hecho de crear mi propio universo con cada respiración


 

[1] Tsuda, Itsuo, La Vía del Desprendimiento. Editorial Eyrás, 1992, Madrid, pp 133-136.

[2] Minoru J. Shibata “Un dilema aplazado: una identidad denegada y desestimada” Aikizasshi, revista de la Asociación Española de Aikido Tradicional, nº10, diciembre 2005, p.3.

[3] Foro de Hapkido y artes marciales. En línea (19 agosto 2010 )en http://www.phpbbplanet.com/forum/viewtopic.php?t=523&sid=28708f2d7617288c25e28a9a65bb80c3&mforum=braki

[4] Se puede encontrar una traducción al castellano del mismo en varios sitios web. Uno de ellos es http://www.aikidojozaragoza.com/articulos%203/takemusu.pdf. Tengo la sensación de que no es una traducción plenamente lograda pero al menos permite acercarse al texto de Ueshiba transcrito por Hideo Takahashi, miembro de la Byakko Kai. Para penetrar en la mentalidad de las enseñanzas de O Sensei es imprescindible adentrarse en las palabras de Masahisa Goi, fundador del movimiento Oración por la Paz Mundial. Se pueden consultar en http://www.byakko.org/. Ueshiba dijo de Goi que era la persona que mejor le conocía y que si se quería entender en profundidad el aikido se deberían leer sus palabras.

[5] Tsuda, Itsuo, La Ciencia de lo Particular. Editorial Eyrás, 1999, Madrid, pp 145-147.

[6] Desmontar la falsa percepción de la realidad, librándola de subjetivismos condicionantes, es el objeto de estudio que preconizan el budismo y tantas otras filosofías/religiones. Muchos artistas marciales estudian este tipo de doctrinas pues les son imprescindibles para entender la actitud vital y marcial correcta.

 

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