“Perdón, olvidé desatar el cielo de la Tierra”

 

            Esta, cuanto menos, extraña frase, se le atribuye a O Sensei Morihei Ueshiba, fundador del Aikido, cuando, pocas semanas antes de fallecer, decidió dirigir uno de sus últimos entrenamientos. Llamó a algunos Uchi Deshi, alumnos internos, para que le ayudaran a llegar hasta el tatami. Los alumnos, prestos, sujetaron al maestro, uno de cada brazo y le acompañaron hasta el dintel de la puerta que daba acceso al tatami. Ahí, un simple escalón, separaba al maestro del tatami. Cuando los jóvenes y vigorosos discípulos, trataron de elevar al frágil maestro (en esos tiempos debería pesar poco más de 50 kg) se encontraron que eran incapaces de levantarlo del suelo. Estaba como adherido. Entonces, O sensei se percató de lo que sucedía y se disculpó diciendo:

            “Perdón, olvidé desatar el cielo de la Tierra”

 

            ¿Qué quiere decir esta misteriosa frase?

 

            Daré mi humilde visión sobre esta afirmación. Según el haragei, la ciencia que estudia nuestro cuerpo y las energías, el vientre, el dantien, exactamente el conjunto formado por el Hara y el Koshi (zona lumbar) es el lugar donde se almacena la energía KI, que después es distribuida por los diversos vasos extraordinarios y de ahí a los meridianos que lo hacen llegar a los órganos vitales. Siendo por tanto, nuestro centro energético. Existen tres fuentes principales que nutren esa energía KI. Por un lado tenemos una energía almacenada en los riñones, conocida como energía prenatal, de cantidad fija y heredada de nuestros padres. Por otro lado tenemos la energía que se extrae de los alimentos y por última la extraída de la respiración. Estas tres fuentes dan lugar al KI, a la energía que transcurre por nuestros meridianos y mantiene vivo nuestro ser.

            Sin embargo el cuerpo humano también es punto de fusión de otras dos energías. Por un lado, la energía celeste, que entra por la fontanela y la energía telúrica/magnética que entra por los pies, exactamente por la zona media de las almohadillas de los pies. Existe otro punto, el huyin, dispuesto en la zona del periné, que también absorbe energía telúrica. Estas dos energías, telúrica y celestial tienen su punto de encuentro en el vientre. La energía celestial desciende por la columna y a la altura de la tercera vértebra lumbar cae hacia dentro, hacia el punto Dantien, mientras que la telúrica sube por detrás de las piernas hasta el huiyin y de ahí se une a la energía celestial en el dantien. Cuando se juntan pueden surgir dos estados diferentes.

 

            Por un lado se enlaza momentáneamente para formar una energía unificada que se une a la energía corporal antes explicada.

            También, en niveles avanzados de estudio y dominio, pueden unirse, condensándose en una especie de bola energética que podrá ser usada a voluntad ayudada por la visualización y la respiración adecuadas.

            Y por último, podremos transformarnos en un puente dejando que la energía telúrica ascienda hacia el cielo y la energía celestial discurra hasta la tierra. Nos convertimos en vínculo entre el cielo y la tierra. Este proceso se basa en una premisa filosófica de eliminación del Ego y de iluminación espiritual.

 

Nima Massoumian

 

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