Itsuo Tsuda, textos extraídos de sus libros:

"La vía del Desprendimiento"  y "La Ciencia de lo Particular"

(editorial Eyras)


"El Hombre es un iceberg, cuya parte visible parece ceder a nuestra exigencia racionalista,

pero cuya mayor parte, sumergida, nos reserva sorpresas.

Lo que sabemos no puede igualar a lo que no sabemos.

Al querer saber demasiado, la vida muere.

Se puede definir la vida, pero la vida rechaza cualquier definición".


"La relajación no es la simple ausencia de fuerza física en el Aikido. Es una condición

necesaria para permitir el paso del Ki. Si en el lenguaje común la palabra relajación se

asocia a relajamiento, como el estado de alguien en reposo que no piensa en nada en

especial, pues en Aikido se asocia a la palabra concentración, como el

estado de alguien que se entrega totalmente a la realización de un acto visualizado".


"La idea de practicar Aikido sin ninguna meta desanima los espíritus estructurados.

Esto les parece demasiado ilógico. Quieren conocer todo de antemano. ¿por qué esto?

¿Por qué lo otro? El resultado está descontado, el poder y la eficacia

que pueden obtener, el tiempo de inversión, el precio de coste de la operación, etc..."


"Hoy día presento un esquema que puede permitirnos volver a la fuente:

del saber a lo desconocido, de lo evidente a lo insondable,

de la acumulación al desprendimiento".


"Puedo decir, por mi propia experiencia, que con el Maestro Ueshiba

mi placer era tan grande que siempre quería volver a salir (para realizar la demostración técnica).

Jamás he sentido  ningún esfuerzo por su parte. Era tan natural que no

solo no sentía ninguna coacción, sino que caía sin saberlo. He sentido el rompimiento

de las olas sobre la playa que nos lleva y voltea. Ciertamente se siente placer, pero con el

Maestro Ueshiba era aun otra cosa. Había serenidad, grandeza, amor...".


"No sabemos cuándo ni cómo una acción real se desencadena. Hace falta un

desencadenante para que sea inmediata. Este desencadenante según mi experiencia,

es la inspiración. La práctica me ha confirmado esta idea. Inspiro y el otro

reacciona inmediatamente. Levanto la mano inspirando, el otro reacciona levantando

la mano. La dificultad está en sentir si el otro está suficientemente concentrado,

listo para entrar en acción. Si no, ha fallado todo.

Es una interacción No mecánica, sino directa de alma a alma.


"La respiración, según mi experiencia es el fundamento mismo del Aikido. Hay dos

actitudes posibles: una, considerarla como uno de los ingredientes necesarios para la

composición técnica; otra, considera la técnica como medio para profundizar la respiración.

La primera nos conduce a la dimensión deportiva. Comprendemos fácilmente que un hombre,

 pasados sus  sesenta años, pueda pasar de ella. En cuanto a la segunda, todavía no veo límite de

edad, salvo para los niños muy jóvenes. El Maestro Ueshiba practicaba a la edad de 85 años.

Creo, por el contrario, que cuanto más envejecemos, más posibilidades tenemos de

comprender el inmenso alcance de la respiración.

Puede sobrepasar fácilmente el marco físico en cual nos encontramos confinados".


"Todo es bueno, todo es malo. Todo depende del individuo, de las circunstancias, del momento.

Lo esencial no está en la fórmula usada, sino en el valor que suscita en la profundidad del Ser".


"Existe una tendencia universal en las sociedades industrializadas al debilitamiento del instinto natural,

debido a la intelectualización excesiva de la vida"


"Hay jóvenes orgullosos de sus heridas, la clavícula rota, el menisco saltado...

Son, según ellos, tantos signos de virilidad, tantas condecoraciones otorgadas por su valentía...

Yo, personalmente, he constatado en la práctica un gran alivio de mi ser.

El Aikido me permite hacer el vacío del cerebro. Nunca he sufrido de dolores.

Al contrario, he podido aumentar la flexibilidad de mi caderas.

Pero esto no basta, hay que ser eficaz, dirán los jóvenes.

¿Qué entienden por eficacia? ¿Proyectar a tres o cuatro agresores en la calle y quedar

como un héroe de cine? (...) ¿creen ellos que es éste el único peligro de la vida?".


"El Maestro Ueshiba, cuando yo lo veía en sus últimos años, parecía no tener técnica.

Hacía gestos de nada y sus adversarios caían. Era como un niño que se divertía con

cualquier cosa, de cualquier manera. De vez en cuando preguntaba ¿cómo se llama esto?

 (refiriéndose a la técnica que acaba de realizar). Sus discípulos le respondían dándole

un nombre sacado de la terminología sabiamente construida. ¿Ah si? respondía...

y seguía divirtiéndose.

Es imposible aplicar nombre a todos sus gestos.

El era libre y natural como los vientos o las olas.

Desconcertaba a quien quisiera estructurar su Aikido.


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