SHOSHIN

 

 

           Shoshin, literalmente “Espíritu Principiante” es una de las cinco cualidades del espíritu Budoka (aquel que practica un Budo, una vía marcial de Consciencia).

           En muchas ocasiones, olvidamos este maravilloso e importante principio. Es la base para un progreso continuo y una educación permanente. O Sensei, ya en sus últimos años de vida, solía repetir “este es mi primer día de Aikido”.  

          

           Pero, ¿cuál es el espíritu de un principiante? ¿Cuáles son sus cualidades?

           Ante todo se caracteriza por un a frescura e inocencia destacables. Viene a clase con una mente abierta, joven, flexible; su atención está centrada al máximo, su entusiasmo es remarcable. Viene a aprender, a desarrollarse, a mejorar, sabe que el camino es largo, sabe que solo lleva unos pocos pasos; mira al horizonte y aspira a alcanzarlo. Ve a los demás compañeros avanzados (sempai) como guías, como caminantes a imitar. Se refleja en ellos, quiere alcanzar su nivel. Respeta al maestro y aprecia su atención y cariño. Es consciente de que técnicamente está muy falto de conocimientos. Por eso aprovecha al máximo cualquier enseñanza, cualquier descubrimiento, cualquier indicación y además lo agradece de corazón.

          

           Un principiante siempre tiene un espíritu Yin, de escucha, de recepción, de vacío atractivo. De esta forma y con esta cualidad, absorbe y estructura  en su interior el conocimiento que lo hará avanzar y crecer. Conservar este espíritu receptivo a lo largo de todo el camino es una virtud grandísima si se aspira a mejorar día a día. Incluso cuando uno se torna instructor, profesor o maestro, siempre podrá conservar su espíritu en cualidad yin para poder seguir aprendiendo. De ahí que en tan raras ocasiones se concedan 10º dan, porque un gran maestro que sea 8º ó 9º Dan, simboliza que todavía tiene camino que recorrer, todavía puede perfeccionarse más y más. Entonces el árbol está vivo, sus ramas aspiran a llegar más lejos, todavía hay movimiento, crecimiento.  

 

           En todas las artes, y en el Aikido de forma remarcable, el paso del tiempo y la acumulación de conocimiento y experiencia hacen que la acción se modifique continuamente, adaptándose a los diferentes niveles evolutivos del caminante. Por tanto, la verdad y la técnica del Aikidoka se van modificando sutilmente con el paso del tiempo. Para que esta maravillosa evolución ocurra, es imprescindible un espíritu SHOSHIN continuo.

  

 

Nima Massoumian.

 

Volver Artículos