SHUGYO DO

El camino de la austeridad y el ascetismo

 

        

    Debía ser Noviembre o Diciembre. Me levanté a escondidas sobre las 5 de la mañana. Llevaba 3 meses practicando Budo, la vía de las artes marciales tradicionales. Había quedado con varios compañeros, novatos como yo, para ir a participar en nuestro primer “shugyo”.

    Con un frío helador, nos dirigimos al Dojo, de donde partiríamos hacia una zona del río que nuestro maestro había estado chequeando días antes. Llegamos ataviados con nuestro kimonos blancos, en la niebla y temblando de frío realizamos diversas prácticas y ejercicios. Tras unos minutos eternos, se nos pidió que nos introdujéramos en el río, una sensación inolvidable de frío, agarrotamiento y entumecimiento general. Ahí, otros largo minutos haciendo diversas prácticas. Después salimos y fuimos al Dojo para acabar con unos ejercicios respiratorios y de flexibilidad.         

    Había acabado mi primer Shugyo. A éste le siguieron casi una decena, una vez por año.        

 

    Después con otros maestros y otras vías, acciones y experiencias similares, cascadas heladas, montañas llenas de nieve y práctica de judo descalzo, carreras nocturnas por playas en pleno invierno (descalzo también, con las conchitas haciendo su labor de reflejoterapia dolorosísima en mis dulces plantas podales), practicas de lucha en agosto con sudadera y kimono… en fin, un montón de prácticas extremas…

   

    Ahora miro atrás; casi quince años pasaron desde mi primer shugyo… y me pregunto, ¿qué quedó? A parte de la experiencia claro está… la verdad, no tengo respuesta. ¿Es necesario ese tipo de prácticas para algo? No lo sé. Miro a la gente que lo hace de forma regular y no veo nada especial ni diferente. Quizás sea un problema de actitud. Algo que he descubierto en esta vía, es que cualquier acto debe ir acompañado de una motivación adecuada y un entendimiento profundo de lo que se hace. Además la mente debe estar presente por completo, en su máxima extensión en cada gesto. Si no es así, es una pérdida de tiempo. Cualquier acto que se realice por obligación, sin comprender profundamente su sentido último y con la mente distraída no vale para nada en absoluto. En el caso del Shugyo igual. Para los que un shugyo se convierte en un acto rutinario, para los que lo ven como algo romántico, o para aquellos que se creen más hombres por hacerlo, al final, como mucho, se llevarán una cistitis o una neumonía como regalo, además de las respectivas fotos que muestran la valentía y el tesón que se tiene.

    Mi conclusión es que el Shugyo auténtico se realiza a diario; no es necesario una cascada de agua helada, o pasar frío en el río; eso está bien, para el que lo necesite. Es más duro ducharse todos los días con agua fría en casa que pasarlo mal una noche si ese es el propósito.

   

    O Sensei, dentro de las prácticas que aprendió junto a Onisaburo Deguchi, se ejercitó usando la naturaleza como lugar de práctica y de vía de crecimiento espiritual, y usando antiguos rituales shintoistas acudía a la montaña a hacer diversas prácticas espirituales y ascéticas. O Sensei era una persona profundamente religiosa, asociaba todo absolutamente a las fuerzas espirituales y divinas que envuelven la creación. Usó el shugyo junto a otras prácticas ascéticas para elevar su conciencia espiritual. En definitiva y como colofón de todas sus prácticas, legó el Aikido como vía única y autosuficiente… ¿necesitamos más?

 

    Tras practicar y reflexionar mi visión se ha movido más hacia el día a día. Si, como decía O Sensei, el objetivo último del Aikido es transformarnos en seres mejores que lleven adelante una sociedad armoniosa y en paz, deberemos atender a nuestra espiritualidad y actitud a diario, en todo momento. El shugyo auténtico es el que se convierte en misogi (purificación) de nuestro ser. Pulirnos, mejorar como seres humanos, como miembros de nuestra familia, de la sociedad, de la naturaleza, del mundo. Cada acto realizado, por muy simple y banal que sea, debería de estar tintado con el espíritu del shugyo.

   

    Mi shugyo: Orar más, meditar más, hacer la cocina y los baños más frecuentemente, dejar la cama hecha, no tirar la ropa sobre la silla, al afeitarme no dejar espuma, sacar y colocar la ropa de la lavadora, tratar a mis clientes con amabilidad y honestidad, conducir cediendo, saludar a mis vecinos, no cocinar ni comer más de lo que necesito, sonreír más a mi mujer y darla más masajes metamórficos, abrazar más a mi madre y a mi padre, comunicarme más con mis hermanos, reciclar más, realizar labores sociales más a menudo, no ensuciar las calles, plantar más árboles, no jugar demasiado al póker, salir con las amigas de mi mujer más a menudo, jugar con más atención al ajedrez, acostarme antes y levantarme más temprano, no vaguear con el estudio… y tantas cosas que no habría servidores en Internet para albergar tanto bytes… ¿pasar frío me ayudará en mi labor? Quizás…

   

    Shugyo, Misogi, purificarnos del Ego, del "nafs" de los sufíes, pulir el espejo del ser para reflejar más la Luz Divina, ese es el mensaje del Maestro Ueshiba,  ese es el mensaje del Aikido, su propósito y fin último.

 

Nima Masumian.

 

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